El nombre lo dice todo: Clásico Regio. Dos equipos, una ciudad, una rivalidad que debería garantizar intensidad. Lo que entregaron Monterrey y Tigres este sábado en el Estadio BBVA fue otra cosa: un partido plano, sin goles, con pocas llegadas de peligro y una sensación de que ninguno de los dos realmente quiso arriesgar.
Lo que había en juego y lo que pasó
Monterrey llegaba necesitando escalar posiciones. Tigres, en la decimocuarta posición con solo seis puntos antes del partido, tenía más urgencia todavía. Un Clásico Regio con algo más que el orgullo en disputa debería haber producido un partido eléctrico. No fue así.

Rayados generó las opciones más claras del partido, pero Nahuel Guzmán respondió bien en los momentos en que fue exigido. Del otro lado, Tigres no logró generar suficiente para inquietar a la portería local. El partido se fue apagando conforme avanzaban los minutos, y al final el marcador reflejó lo que se vio en la cancha: cero de ambos lados.
Se deben una
El aficionado regiomontano merece más. Estos dos equipos tienen historia suficiente como para que un Clásico sin goles duela doble: no solo por los puntos que se escaparon, sino porque la rivalidad exige algo mejor que esto. Monterrey y Tigres se deben un Clásico de verdad.
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