Cuatro Copas del Mundo. Siete finales. Y sin embargo, la selección alemana llega a 2026 con la mochila más pesada de los grandes favoritos: dos eliminaciones consecutivas en la fase de grupos, algo que no le ocurría desde 1938.
El punto de partida de este capítulo es Río de Janeiro, 2014. Alemania gana el Mundial con un gol de Götze en la prórroga frente a Argentina. Generación nueva, sistema moderno, resultado histórico. Lo que nadie imaginó es que esa noche en el Maracaná sería el último gran título alemán.
En Rusia 2018, la defensa del título terminó antes de los octavos: cayeron ante México y ante Corea del Sur. En Qatar 2022, la historia se repitió. Empate ante España, derrota ante Japón, eliminación sin pasar de grupos. Primera vez en 84 años que Alemania quedaba fuera en dos Mundiales seguidos.
Para 2026, el proyecto tiene nombre y apellido: Florian Wirtz y Jamal Musiala. Dos centrocampistas de 22 años que ya son titulares indiscutibles en sus clubes y en la selección. A su lado, Leroy Sané con la experiencia, Kai Havertz como referencia ofensiva y Joshua Kimmich como el cerebro que ordena desde atrás. Nagelsmann lleva dos años construyendo un equipo con sistema claro: presión alta, salida desde atrás y velocidad en transición.
El debut ante Curazao es el partido más fácil del Grupo E sobre el papel. Pero Alemania también llegó como favorita en 2018 y en 2022. La diferencia esta vez es que saben exactamente por qué fallaron. Eso no garantiza nada. Pero es un punto de partida distinto.