Brasil terminó el partido con 25 tiros. Marruecos terminó con 11. El marcador, sin embargo, quedó 1-1. El número que explica la paradoja está en el xG: Marruecos generó 1.27 de expected goals contra 1.17 de Brasil. Más tiros no significa mejores tiros, y Marruecos lo volvió a demostrar.
Ismael Saibari abrió el marcador al 21 con una jugada que resumió el plan de Marruecos: salir rápido en transición y castigar los espacios que Brasil deja al atacar. Vinícius Júnior respondió al 32 para igualar, aprovechando la única ocasión clara que Brasil convirtió en la primera hora de juego. A partir de ahí, 58 minutos en los que Brasil acumuló tiros sin encontrar el segundo.
El 56% de posesión de Brasil y sus 428 pases completados se estrellaron contra una defensa que ganó 52 duelos por 47 de los brasileños. Marruecos no vino a jugar el partido de Brasil — vino a jugar el suyo, y le alcanzó para no perder. El mismo guión que en Qatar 2022 cuando llegó a semifinales eliminando a Bélgica, España y Portugal.
Brasil no pierde, pero tampoco gana cuando tenía que ganar. El empate es un resultado que le sirve más a Marruecos que a la Canarinha.