Hay un jugador en el mediocampo de México que no aparece en los titulares, que no celebra con el puño en alto y cuyo nombre pocos buscan en redes. Pero hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué tan diferente sería el partido sin él?
El primer gol de México en este Mundial no lo hizo un delantero ni un mediapunta. Lo construyó Lira. En el minuto que importaba, recuperó el balón cerca del área rival, distribuyó con precisión y habilitó a Quiñones para que definiera. Fue el tipo de acción que solo ven los que miran el partido de verdad: sin seguir el balón, sino al jugador que organiza lo que pasa antes de que el balón llegue.
Dos partidos, seis puntos, cero goles en contra. Cuando México analice cómo llegó a los dieciseisavos de final sin recibir un gol, el nombre de Lira va a estar en esa conversación. Aunque él no esté en la portada.