La semana pasada Francia perdió 1-2 ante Costa de Marfil. Este lunes, en el Estadio Pierre-Mauroy de Lille, Michael Olise puso tres goles en la red de Irlanda del Norte en noventa minutos. El 3-1 fue más que un resultado: fue la respuesta que el equipo necesitaba antes de un Mundial que empieza en días.
Olise es extremo. Su valor habitual está en el desequilibrio, el último pase y el regate en espacios cortos. Ante Irlanda del Norte mostró algo diferente: olfato de área. Los dos primeros goles no fueron de creador, fueron de cazador. El primero al 43, llegando al segundo palo tras una transición de Doué y Dembélé. El segundo al 49, aprovechando un despeje mal rechazado tras el cabezazo de Théo Hernández. En ambos, estaba donde tenía que estar.
El tercero al 75 fue el Olise que todos conocen: recepción en el pico del área, conducción en paralelo a la frontal y zurda al palo largo que no le da opción al portero. Tres goles, tres versiones del mismo jugador. Francia tiene en él algo más de lo que pensaba.
El otro dato de la tarde está en lo que no ocurrió: Mbappé tuvo un gol anulado por fuera de juego de Doué y se quedó con 56 goles con Francia, uno menos que el récord histórico de Giroud. El capitán llega al Mundial con esa cuenta pendiente. Olise llega con otra: demostrar que lo de Lille no fue casualidad.