Panamá aguantó 93 minutos. Defendió con orden, cerró espacios y obligó a Ghana a desesperarse en busca de un gol que no llegaba. Entonces llegó el 94 y Caleb Yirenkyi, con asistencia de Brandon Thomas-Asante, rompió todo lo que Panamá había construido durante casi todo el partido. Ghana 1-0. Un gol en el último suspiro que duele el doble precisamente porque estuvo tan cerca de no llegar.
El problema de Panamá no fue la defensa. Fue la falta de puntería al frente. Ismael Díaz, Édgar Bárcenas y César Blackman tuvieron llegadas al arco de Ghana sin poder capitalizar ninguna. En este tipo de partidos, cuando un equipo resiste bien pero no anota, el riesgo de sufrir en los últimos minutos siempre está ahí. Y Ghana lo cobró exactamente cuando más dolía.
Panamá arranca su segundo Mundial con derrota, igual que en Rusia 2018. Pero el rendimiento de hoy dice que este equipo puede competir. El grupo sigue abierto y aún tiene partidos por delante. El golpe del 94 duele, pero no cierra nada todavía.