El marcador decía 3-0 para Canadá cuando Assim Madibo entró por detrás con la pierna en plancha y la de Ismaël Koné cedió. Lo que vino después no fue un partido de fútbol: fue un cerco humano alrededor de un jugador en el suelo, compañeros que lloraban y un estadio que entendió que algo malo había pasado.
La entrada de Madibo fue violenta y directa. Roja inmediata. Koné quedó con la pierna inmovilizada sobre el césped mientras sus compañeros formaban un muro a su alrededor. La imagen de varios jugadores canadienses llorando en plena cancha fue la más poderosa de la noche, más que cualquiera de los seis goles.
Canadá ganó 6-0 y sigue con vida en el torneo. Pero esa victoria llegó con un precio que ningún resultado borra. Ismaël Koné salió roto del campo y lo hizo saludando. Eso también es parte de esta Copa del Mundo.