Brasil 2014, Alemania 2018, Hungría 1954, Holanda 1974 y Argentina 1990 comparten un patrón: llegaron como favoritas y cargan hasta hoy con la lectura del fracaso. La historia mundialista no se construye solo con campeones. Se construye también con las grandes selecciones que no convirtieron la favoritabilidad en título.
El caso más reciente y traumático es Brasil 2014. Anfitrión, candidato declarado, eliminado 7-1 en su semifinal contra Alemania, en Belo Horizonte. Es el peor resultado de un anfitrión en una semifinal en toda la historia mundialista. Antes, en 2018, Alemania había caído en fase de grupos como campeón vigente — la primera vez que un campeón defensor no pasaba de la primera ronda desde 2002, con Francia.
Hungría 1954 es el caso clásico. Llegó como la mejor selección del mundo, con Ferenc Puskás, después de una serie histórica de partidos sin perder. Ganó la fase de grupos goleando, pero perdió la final 3-2 contra Alemania Federal en el "Milagro de Berna". Nunca volvió a ese nivel.
Holanda merece capítulo aparte. Tres finales perdidas (1974, 1978, 2010) sin ningún título. Es la única selección con tres subcampeonatos y cero Mundiales ganados, y todas las tres veces llegó como una de las favoritas. El "futbol total" de Cruyff fue una revolución táctica, pero terminó sin estrella sobre el escudo.
La conclusión estadística es clara: el favoritismo previo no predice el resultado mundialista. Cinco campeones vigentes han caído en fase de grupos en el siglo XXI: Francia 2002, Italia 2010, España 2014, Alemania 2018 y el ciclo se mantuvo abierto en 2022. La rotación entre dominios cortos y caídas estrepitosas es parte del torneo. Llegar como favorito puede ser, en datos, la peor posición para ganarlo.