Paolo Rossi llegó a España 1982 saliendo de una sanción de dos años por el escándalo Totonero. Marcó seis goles en tres partidos consecutivos — el último, en la final contra Alemania — y se llevó la Bota de Oro, el Balón de Oro del torneo y la Copa del Mundo. Pocos jugadores han concentrado tanta producción en tan poco tiempo.
Italia llegó a España 1982 sin pronóstico. Tres empates en fase de grupos, pasada raspando. Pero todo cambió en cuartos contra Brasil, en uno de los partidos más recordados de la historia mundialista. La Brasil de Zico, Sócrates, Falcão y Cerezo era favorita absoluta. Italia ganó 3-2 con hat-trick de Rossi. El primer gol en el minuto 5, el último a los 75.
En semifinal contra Polonia, Rossi marcó dos veces más. 2-0 para Italia. En la final contra Alemania Federal, abrió el marcador a los 57 minutos. Tardelli y Altobelli completaron el 3-1. Italia campeona del mundo por tercera vez. Rossi terminó con seis goles del torneo, los seis acumulados en tres partidos eliminatorios consecutivos.
Lo que hace excepcional a Rossi 82 es la concentración. Cero goles en fase de grupos. Seis en tres partidos cuando el torneo se ponía decisivo. Hat-trick contra el mejor Brasil de la historia reciente, doblete en semi, gol en la final. La curva más empinada de un goleador en una sola edición mundialista. Sin disputa estadística.
Antes del torneo, Rossi venía de cumplir una sanción de dos años por el escándalo Totonero — manipulación de partidos en Italia, en el que se le acusó de haber participado. Regresó al fútbol pocas semanas antes del Mundial. Que un jugador en esa condición física y mental haya producido lo que produjo es algo que ningún registro estadístico explica del todo.